¿Ruleta rusa sobre dos ruedas? Pese a los controles la imprudencia de los motociclistas se multiplican en Salta

¿Ruleta rusa sobre dos ruedas? Pese a los controles la imprudencia de los motociclistas se multiplican en Salta

Las calles de Salta se han convertido en un escenario de alta tensión donde el peligro viaja en dos ruedas. Lo que debería ser un medio de transporte ágil y económico para miles de salteños se transformó, por fuerza de la imprudencia, en la principal causa de ingresos a las guardias hospitalarias y de luto en las familias de la provincia.

Un recorrido diario por cualquier avenida, calles o rutas de la capital salteña o de los municipios del interior basta para presenciar un catálogo de maniobras temerarias: zigzagueos entre colectivos, adelantamientos por la derecha, cruces de semáforos en rojo y el uso del celular mientras se conduce. A esto se le suma una postal que ya parece naturalizada, pero que roza la negligencia absoluta: motos convertidas en "vehículos familiares" donde viajan tres o cuatro personas, incluidos menores de edad, muchas veces sin el casco reglamentario o con protecciones que son meros juguetes de plástico.

El factor humano detrás de la tragedia

El factor humano es el desencadenante en más del 90% de los siniestros. Existe una preocupante falta de percepción del riesgo. Muchos conductores parecen olvidar que en una motocicleta la carrocería es el propio cuerpo.

El personal de salud del Hospital San Bernardo lo vive en primera línea. Cada fin de semana, el nosocomio recibe una marea de motociclistas accidentados, en su mayoría jóvenes de entre 18 y 35 años. Las consecuencias ya no se miden solo en estadísticas fatales, sino en vidas transformadas para siempre por traumatismos de cráneo graves y amputaciones.

"Llegar rápido no puede valer más que llegar vivo. Las calles de Salta no son una pista de carreras y la moto no es un juguete de parque de diversiones".

Los controles están pero no alcanzan

Aunque desde la Municipalidad y la Policía Vial se intensifican los operativos de control de alcoholemia y documentación, el problema de fondo parece ser cultural. La sanción económica ya no alcanza para disuadir a quienes deciden desafiar las normas de tránsito a diario.

Salta necesita un cambio drástico. No basta con lamentar las cifras al final de cada mes; se requiere una combinación urgente de educación vial rigurosa para otorgar las licencias, tolerancia cero en los controles urbanos y, sobre todo, una toma de conciencia individual. Manejar una moto con prudencia no es una opción ni un favor a las autoridades: es la única diferencia entre volver a casa o convertirse en una cifra más de la dolorosa estadística vial salteña.

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