Las grandes citas deportivas no solo se juegan dentro de la cancha, sino también en las tribunas y en el pulso de una ciudad que se paraliza ante la expectativa. El partido entre las selecciones de Argentina y Egipto no fue la excepción y demandó un despliegue sanitario de magnitud extrema para el Sistema de Atención Médica para Emergencias y Catástrofes (SAMEC), que debió montar un operativo de contingencia que se vio desbordado por la intensidad del evento. Desde tempranas horas, las ambulancias y los puestos sanitarios estratégicamente ubicados comenzaron a registrar un movimiento inusual que no dio tregua hasta bien entrada la noche, consolidando una de las jornadas más complejas del año para el personal de emergencias.
El balance de las intervenciones médicas refleja una variedad de cuadros que exponen tanto la imprudencia vial como el desborde emocional que despierta la pasión futbolística. Los incidentes de tránsito en las adyacencias de los puntos de concentración y las principales avenidas salteñas encabezaron la lista de las asistencias físicas. Los motociclistas, atrapados en el apuro por llegar a destino antes del pitazo inicial o en los caóticos festejos posteriores, protagonizaron la mayoría de los derrapes y colisiones urbanas, obligando al traslado urgente de varios pacientes hacia el Hospital San Bernardo con traumatismos de diversa consideración. A la par de los siniestros viales, las guardias del SAMEC dentro y fuera del perímetro de mayor afluencia de público tuvieron que lidiar con los efectos directos de la aglomeración, asistiendo de forma inmediata a personas que sufrieron heridas cortantes, contusiones menores por tropiezos y descompensaciones físicas causadas por la falta de hidratación.
Sin embargo, el verdadero termómetro de la jornada se midió en el plano psicológico, donde los profesionales de la salud debieron contener una alarmante ola de colapsos nerviosos y crisis de ansiedad. La paridad del marcador y los minutos de máxima tensión en el tramo final del partido empujaron al límite las emociones de muchos salteños, desencadenando cuadros agudos de taquicardia, ataques de pánico y picos de hipertensión arterial. El personal del SAMEC no solo aplicó protocolos para emergencias físicas, sino que debió apelar a maniobras de contención emocional en plena vía pública para calmar a hinchas desbordados por el estrés del juego. Este abanico de asistencias, que combinó el trauma físico de los accidentes con el quiebre emocional de los espectadores, volvió a poner a prueba la capacidad de respuesta de un sistema de emergencias que tuvo que multiplicarse para que la fiesta del fútbol no terminara en una tragedia sanitaria generalizada.

