El Milagro salteño ya se empieza a sentir y, mientras se ultiman los detalles para una de las celebraciones religiosas más importantes de la provincia, los peregrinos preparan sus mochilas para emprender un camino marcado por la fe, el esfuerzo y la solidaridad. Desde Santa Victoria Oeste, el primer grupo partirá el 1 de septiembre a las 8 de la mañana y tiene previsto llegar a la Catedral el 13 de septiembre, alrededor de las 17:30.
Alejandro Tolaba forma parte de la organización y contó a InformateSalta que la travesía reúne entre 50 y 60 personas, entre peregrinos que parten desde Santa Victoria y otros que se suman desde Salta, Buenos Aires y Santa Fe. El recorrido atraviesa parajes, escuelas y caminos entre los cerros, con jornadas que comienzan temprano y terminan a la noche. Recorren en los primeros días Acoyte, Punco Viscana, Hornillo, Campo La Paz y San Francisco.
En el camino, los reciben familias y comunidades que preparan almuerzos, cenas y lugares para descansar. Pero también hay momentos especialmente duros, como el paso por los cerros y la subida hacia el Abra de Casilla, allí "el camino se vuelve especialmente pesado": hay largas subidas, senderos difíciles y hasta un sector donde deben cruzar una cascada del río. Es una de las partes que más esfuerzo demanda antes de llegar a un tramo más tranquilo y transitable.
Tolaba contó que, además de preparar la logística de la peregrinación, los grupos llevan adelante una iniciativa solidaria durante todo el recorrido. Entre todos reúnen dinero para comprar alimentos y preparan bolsitas con golosinas y distintos elementos para los chicos de las escuelas y parajes que los reciben. "Los chicos siempre nos esperan y nos atienden muy bien", contó. Para afrontar los gastos del traslado de los bolsos y la logística, cada peregrino realiza una colaboración de alrededor de $40 mil, destinada principalmente al combustible de las camionetas que asisten trasladando equipaje, agua y alimentos.
Para Tolaba, caminar hacia Salta no es solamente cumplir con un recorrido: es una experiencia que tiene un significado personal. Peregrina desde 2018 y asegura que siempre lo hizo para agradecer. "Es algo hermoso", resumió. Cada año, la llegada de estos grupos vuelve a transformar el camino en una muestra de fe compartida entre quienes peregrinan y las comunidades que los esperan. Y así, paso a paso, entre cerros, escuelas y largas jornadas de caminata, comienza a escribirse otra vez la historia del Milagro salteño.
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