El olor aparece antes que el pozo. A unos cien metros de la perforación, el aire se vuelve irrespirable: una fuerte presencia de gases obliga a utilizar máscaras y genera la sensación de estar frente a una estación de servicio con todas sus tapas abiertas. Nos topamos con una escena que no estaba durante nuestra visita anterior: un verdadero cementerio de animales. Conté al menos 13 cadáveres de vacas muertas en el ingreso.
Un año después de nuestra primera visita, el panorama alrededor del denominado pozo de Olmedo, perforado en 1983, es todavía más preocupante. El líquido continúa brotando con una fuerza descomunal y alimenta unas lagunas tóxicas con una resina amarilla que están ya a unos a unos 500 metros del lugar.
Los habitantes de la zona aseguran que el aspecto del agua cambia con el paso de los días. Algunas veces, dicen, adquiere una tonalidad amarilla o verde; en otras ocasiones, directamente se vuelve negra. Al evaporarse, deja una sustancia espesa e inflamable, similar a la grasa.
“Uno ve los cuervos y ya sabe que se murió otro animal”, lamenta Ramón, uno de los productores afectados. Para quienes viven y trabajan en el lugar, el deterioro del ambiente representa también la pérdida de años de esfuerzo familiar. “Aquí se está perdiendo el esfuerzo de tres generaciones”, sostiene.
El impacto sobre la vegetación también resulta evidente. Allí donde antes había verde, ahora predominan sectores de tierra erosionada, agua oscura y áreas del monte que comenzaron a secarse.
Una contaminación confirmada
La preocupación de los pobladores encuentra respaldo en una pericia oficial que confirmó la existencia de contaminación ambiental. Según explicaron las fiscales que intervienen en el caso a Telenoche, las muestras tomadas en la zona presentaron concentraciones de hidrocarburos y de distintas sustancias químicas por encima de los límites establecidos por la legislación vigente. Entre los compuestos detectados se encuentran etilbenceno, fenantreno, naftaleno, pireno, tolueno y xileno.
Los especialistas advirtieron además sobre el riesgo de que la contaminación alcance las napas freáticas y señalaron que existe un peligro potencial para la salud de la población de Pichanal.
Un pozo que no puede cerrarse
La solución más evidente sería sellar la perforación —lo que técnicamente se llama “abandono de pozo”— pero según las pericias que citó la fiscal Sofía Fuentes no puede ejecutarse de manera inmediata. El Cuerpo de Investigaciones Fiscales determinó que, dadas las condiciones actuales, intentar cerrar el pozo representa una maniobra de alto riesgo.
Otras fuentes del sector petrolero que prefirieron dar su testimonio en reserva, consideran que puede hacerse un trabajo de cierre aunque a esta altura es mucho más costoso.
Mientras se intenta determinar quién deberá asumir la responsabilidad y cuál será el procedimiento adecuado para contener el derrame y realizar la remediación ambiental, el líquido continúa brotando.
La situación plantea, además, interrogantes sobre las responsabilidades que llevaron al escenario actual. Por un lado, aparece la obligación de la empresa concesionaria President Petroleum. Por otro, surge el rol de los organismos provinciales encargados de controlar y prevenir este tipo de situaciones.

