Entre una marea de fieles y el flamear de miles de pañuelos blancos, una presencia silenciosa pero poderosa conmovió a la Catedral Basílica de Salta durante la entronización de los Santos Patronos. Con las manos unidas en oración y lágrimas recorriéndole el rostro, Doña Damiana Luzco contempló una vez más la salida del Señor y la Virgen del Milagro.
A sus 86 años, la histórica peregrina de Tolar Grande volvió a cumplir una promesa que abraza desde hace más de dos décadas: recorrer a pie más de 300 kilómetros desde la inmensidad de la Puna salteña para renovar su alianza de fe en una de las devociones más profundas del país.
Su andar no pasó desapercibido. Quienes la reconocieron entre la multitud se acercaron conmovidos para abrazarla, agradecerle su testimonio y llevarse una foto a su lado. Para miles de devotos, Damiana dejó de ser solo una caminante más para convertirse en un símbolo viviente del sacrificio, la perseverancia y la devoción que dan sentido a esta fiesta.
Más de 25 años desandando la Puna por fe
Cada septiembre, desafiando las inclemencias del clima, el viento helado y el agotamiento físico, Damiana deja atrás las alturas de Tolar Grande y emprende la travesía hacia la capital. Lo hace con la misma convicción desde hace más de un cuarto de siglo, convirtiendo su viaje en una de las historias más inspiradoras del camino del Milagro.
Un rostro inmortalizado en el corazón de Salta
Este año, la muestra de afecto hacia su figura sumó un capítulo inolvidable. La Municipalidad de Salta le rindió un merecido homenaje inaugurando un mural con su rostro en la Rotonda del Peregrino, en Limache —el emblemático punto de descanso antes de la llegada a la Catedral—.
La obra, creada por el artista Heber Artaza, retrata la mirada y la templanza de Damiana como un reconocimiento eterno a su perseverancia y al legado de fe que regó a lo largo de más de dos décadas de marcha.

